Inglés de la PAU - cómo prepararlo bien y llegar con margen

Oriol Lorente .

26 de junio de 2026

¡Prepárate para el examen selectividad inglés! Un portátil con la Union Jack, birrete, libros y un lápiz gigante forman la palabra PAU EXTRAORDINARIA.

El inglés de la PAU no suele dar problemas por falta de teoría, sino por llegar sin una estrategia clara: entender un texto, responder sin copiar, manejar la gramática que realmente puntúa y escribir una redacción breve con orden. En este artículo desgloso qué pide el examen, qué nivel conviene tener para ir con margen y qué errores recortan nota más rápido. También te dejo una forma realista de prepararlo sin perder tiempo en estudio decorativo.

Lo esencial para llegar al examen con una preparación útil

  • La prueba no mide solo vocabulario: también valora comprensión, reformulación, gramática y capacidad de escribir con coherencia.
  • En muchos modelos actuales dura 90 minutos y combina lectura, uso de la lengua y producción escrita.
  • La redacción suele ser el bloque más decisivo porque concentra contenido, registro, cohesión y corrección.
  • Un B1 sólido puede servir de base, pero con un B2 funcional se llega mucho más tranquilo.
  • Practicar con modelos reales y cronómetro vale más que repasar teoría de forma aislada.

Qué te pide de verdad el examen de inglés de la PAU

Cuando hablo con alumnos que se juegan esta materia, veo el mismo error una y otra vez: estudian listas de palabras, pero el examen mide otra cosa. No basta con “saber inglés” en abstracto; hay que demostrar que entiendes un texto, que puedes trabajar con él y que eres capaz de producir un escrito breve sin romper el formato ni el sentido.

En un modelo orientativo de 2026 de la Universidad de Zaragoza, el ejercicio se divide en 6 tareas y 3 partes: comprensión lectora, uso de la lengua y producción escrita. Aparecen ejercicios muy concretos, como verdadero o falso con justificación, respuestas con tus propias palabras, búsqueda de equivalentes léxicos, transformaciones de frases y una redacción final de 120 a 160 palabras. Eso ya deja clara la foto: no te examinan para ver si sueltas inglés “bonito”, sino si controlas la lengua con precisión.

Yo lo resumiría así: la PAU de inglés castiga más la imprecisión que la falta de brillantez. Si entiendes el texto pero no sabes reformular, pierdes puntos. Si escribes con ideas buenas pero desordenadas, también. Con esa idea clara, merece la pena ver cómo se reparte la nota en la práctica.

Cómo suele organizarse la prueba y dónde se van los puntos

La estructura cambia un poco según la comunidad autónoma, pero el patrón general se repite bastante. En el modelo de 2026 citado antes, la distribución orientativa es muy clara: 3,9 puntos para comprensión, 2,1 para uso de la lengua y 4 para la redacción. Yo me quedo con una lectura práctica de esa división: la parte escrita no es un trámite, es una pieza central del examen.

Bloque Ejemplo de tarea Qué busca el corrector Error típico
Comprensión lectora Verdadero o falso con justificación, preguntas sobre el texto Entender ideas, localizar información y responder con precisión Copiar sin entender o justificar de forma vaga
Uso de la lengua Sinónimos contextuales, opciones múltiples, transformaciones Control gramatical y léxico Aprender reglas sueltas sin practicar el formato real
Producción escrita Email, essay, review o texto argumentativo Coherencia, cohesión, registro y corrección Salir del género, no respetar la extensión o mezclar ideas sin orden

La parte que más suele decidir la nota es la redacción. No porque el resto no cuente, sino porque ahí se juntan casi todos los problemas: gramática, vocabulario, estructura, conectores y capacidad de cerrar una idea sin deshilacharla. Si tu composición está floja, el examen se te puede caer aunque hayas defendido bien la lectura. Y justo por eso conviene aclarar ahora qué nivel necesitas de verdad para ir con margen.

Qué nivel necesitas y cómo saber si llegas

El currículo oficial de Lengua Extranjera toma el MCER como referencia, pero la PAU no es una certificación de nivel como una EOI o un examen externo. Dicho de forma simple: no te dan un B1, un B2 o un C1 por hacer este examen; lo que se mide es tu capacidad para desenvolverte en tareas académicas concretas. Aun así, el nivel sí importa, porque condiciona mucho cómo te sientes delante del papel.

Yo lo veo así: un B1 sólido puede sacar el examen adelante, pero un B2 funcional da bastante más tranquilidad. No porque el examen sea “de B2” de forma oficial, sino porque las tareas de reformulación, la redacción y la lectura de textos algo densos exigen un control que suele estar más cerca de ese punto. En otras palabras: si tu inglés solo sirve cuando todo está muy guiado, vas justo; si ya entiendes textos normales y escribes con cierto orden, vas bastante mejor.

Nivel Cómo te sueles notar Qué implica para la PAU
B1 Entiendes ideas generales, pero te cuesta reformular y sostener una redacción Puede servir, aunque vas con menos margen y más riesgo de bloquearte
B2 Lees con relativa fluidez, escribes textos simples y controlas conectores básicos Es el punto en el que la prueba empieza a sentirse manejable
C1 Comprendes matices y escribes con más soltura Te permite centrarte en el formato y en no cometer errores evitables

Si quieres una prueba rápida de tu nivel real, hazte tres preguntas: ¿puedo entender un texto sin traducir cada frase?, ¿puedo responder en mis propias palabras sin copiar?, ¿puedo escribir 120 a 160 palabras con introducción, desarrollo y cierre? Si la respuesta a dos de ellas es “todavía no”, el problema no es el examen, es la base. Eso sí, la base se mejora con método, no con sesiones maratonianas sin rumbo.

Y aquí entra la parte que más nota te puede ahorrar: entender cómo corrigen.

Cómo corrige el tribunal y qué penaliza más

La Universidad Complutense recuerda que en la PAU se valora de forma expresa la capacidad expresiva y la corrección idiomática, además de que la respuesta se ajuste a lo pedido. Traducido a tierra: no basta con tener la idea correcta; hay que entregarla bien. La ortografía, la cohesión, la gramática, el léxico y la presentación cuentan, y cuentan bastante.

En el examen de inglés, lo que más suele penalizar es una mezcla de errores pequeños pero repetidos. No hablo de una falta aislada, sino de bloques de problemas que se acumulan: respuestas incompletas, frases copiadas cuando había que reformular, redacciones que no respetan el género pedido o textos que pierden el hilo por falta de conectores. En un ejercicio de “verdadero o falso” con justificación, por ejemplo, no sirve contestar solo con la letra si te piden la prueba textual; y en un apartado de “in your own words”, copiar el fragmento casi nunca ayuda.

  • Si te piden justificar, responde con la prueba exacta que sostenga tu elección.
  • Si te piden tus propias palabras, no pegues el texto original disfrazándolo con dos cambios menores.
  • Si te piden una redacción de un género concreto, respeta ese género de verdad, no solo el tema.
  • Si te quedas corto de ideas, simplifica las estructuras antes que inventar frases grandilocuentes mal construidas.
  • Si dudas entre precisión y elegancia, prioriza precisión.

Mi consejo aquí es muy poco romántico, pero funciona: escribe para que te corrijan fácil. Un examen claro y ordenado suele recibir mejor trato que uno vistoso pero confuso. Y, si ya sabes qué te van a castigar, la preparación se vuelve bastante más concreta.

Cómo prepararlo en cuatro semanas sin perder tiempo

Yo no empezaría por memorizar verbos irregulares al azar. Empezaría por un diagnóstico y un plan corto, porque el margen antes de selectividad no suele sobrar. Cuatro semanas bien usadas dan más resultado que dos meses de estudio disperso.

Semana 1, detectar tus fallos reales

Haz un modelo completo con tiempo real y corrígelo con frialdad. No te limites a mirar la nota; apunta qué te ha hecho perder puntos: comprensión, vocabulario, estructuras, organización o tiempo. Esa lista vale más que diez resúmenes de teoría, porque te dice dónde estás perdiendo el examen de verdad.

Semana 2, reforzar lectura y uso de la lengua

Dedica cada día un bloque corto a leer textos parecidos a los del examen y otro a ejercicios cerrados de gramática y vocabulario. Aquí yo priorizaría estructuras de alto rendimiento: tiempos verbales, pasiva, condicionales, relative clauses, modales, reported speech, conectores y preposiciones. No hace falta saberlo todo; hace falta dominar lo que más aparece y lo que más puntos te ahorra.

Semana 3, entrenar la redacción

Haz al menos tres textos completos con límite de palabras. Uno de opinión, uno argumentativo o for-and-against y uno de formato más personal, como email o review, porque los modelos cambian por comunidad. La clave no está en escribir mucho, sino en repetir una estructura limpia: apertura, dos o tres ideas bien separadas y cierre breve. Si cada escrito te obliga a improvisar desde cero, estás entrenando demasiado poco lo que realmente cuenta.

Lee también: Niveles de inglés en España - qué examen te conviene?

Semana 4, simular la presión del examen

Vuelve a hacer modelos completos, esta vez con cronómetro serio. Corrige siempre lo mismo: verbos, concordancia, artículos, conectores, spelling y respuesta a la pregunta. Si una falta se repite tres veces, ya no es un despiste; es un hábito. Y los hábitos son los que más caro salen.

Si solo pudieras quedarte con una rutina, yo elegiría esta: 20 minutos de lectura, 20 de gramática aplicada y 20 de escritura casi cada día. El resto puede variar, pero ese triángulo funciona porque une comprensión, forma y producción. Con la base de trabajo clara, ya solo falta afinar la táctica del propio día del examen.

La estrategia que yo usaría el día del examen

El objetivo no es llegar al final “con suerte”, sino llegar con tiempo para revisar. En una prueba de 90 minutos, yo repartiría el trabajo de forma muy pragmática: primero aseguro lo que da puntos rápidos, luego ataco la redacción y, al final, reservo unos minutos para corregir lo que más suele fallar.

Tiempo aproximado Qué haría Por qué
10-15 minutos Leer el texto, subrayar ideas clave y localizar lo que pide cada apartado Evita responder a ciegas y ahorra errores tontos
20-25 minutos Resolver la comprensión y el uso de la lengua Suelen ser tareas más cerradas y menos arriesgadas si has practicado bien
35-40 minutos Escribir la redacción Es el bloque más largo y el que más penaliza improvisaciones
10 minutos Releer, corregir y ajustar Sirve para cazar fallos de concordancia, tiempos verbales y palabras mal copiadas

También me parece importante una regla muy simple: si te piden responder “en tus propias palabras”, no intentes sonar sofisticado a cualquier precio. Es mejor una frase clara y correcta que una estructura rara con vocabulario inflado. Por ejemplo, si el texto dice que una industria está cambiando su forma de trabajar, tú puedes reformularlo con una expresión más simple y natural, sin perder el sentido. Eso es exactamente lo que suelen premiar estos ejercicios.

Y si te bloqueas con una palabra, sigue. La prueba no recompensa al alumno que se queda clavado en un término difícil, sino al que mantiene el control global del ejercicio. Esa es la diferencia entre un examen hecho con nervio y un examen hecho con criterio.

Lo que más sube la nota cuando ya dominas lo básico

Si tuviera que dejarte una idea final, sería esta: el inglés de la selectividad premia la precisión más que la espectacularidad. Trabajar con modelos reales, escribir con cronómetro y corregir siempre los mismos errores vale mucho más que repasar teoría de manera abstracta. Esa combinación es la que hace que la nota suba de forma estable.

  • Practica con exámenes recientes, no solo con apuntes.
  • Aprende a reformular, no solo a reconocer respuestas.
  • Cuida la redacción como si fuera un bloque central, porque lo es.
  • Repite una lista corta de errores hasta que desaparezcan.
  • Si apuntas a grados donde el inglés pondera, busca un nivel funcional de B2, no una simple supervivencia de B1.

Mi consejo final es muy directo: trabaja la prueba como un ejercicio de precisión, no como una lotería lingüística. Si haces modelos con tiempo real, corriges con una pauta fija y priorizas claridad sobre florituras, el examen deja de intimidar y empieza a parecer mucho más controlable.

Preguntas frecuentes

La prueba suele combinar comprensión lectora, uso de la lengua y producción escrita. En el modelo orientativo citado, la redacción concentra 4 puntos, frente a 3,9 de comprensión y 2,1 de uso de la lengua, así que no es un trámite. Además, ahí se juntan cohesión, registro, vocabulario y corrección, por lo que un texto flojo puede hundir la nota aunque el resto vaya bien.
Un B1 sólido puede bastar para sacar la prueba, pero te deja menos margen para reformular y escribir con soltura. Con un B2 funcional la PAU suele sentirse mucho más manejable, porque ya entiendes textos normales y sostienes una redacción breve con orden. El C1 ayuda, pero no es necesario para competir bien en el examen.
Copiar cuando te piden responder con tus propias palabras o justificar de forma vaga. Si el ejercicio pide verdadero o falso con justificación, hay que aportar la prueba exacta del texto. La clave es responder con precisión: entender la idea, localizarla y reformularla sin repetir el original casi literal.
Primero haz un modelo completo con tiempo real para detectar dónde pierdes puntos. Después reparte el trabajo en tres bloques: lectura y gramática aplicada, redacciones completas y simulacros con cronómetro. El artículo propone una rutina útil de 20 minutos de lectura, 20 de gramática y 20 de escritura casi cada día, porque une comprensión, forma y producción.
La propuesta del artículo es empezar leyendo el texto y subrayando ideas clave durante 10-15 minutos, seguir con comprensión y uso de la lengua en 20-25 minutos, reservar 35-40 minutos para la redacción y dejar unos 10 minutos para corregir. Así llegas a revisar verbos, concordancia, spelling y respuestas copiadas mal. La idea es priorizar claridad y control, no improvisar al final.
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Autor Oriol Lorente
Oriol Lorente
Mi nombre es Oriol Lorente y llevo 3 años dedicándome al mundo del dominio del inglés. Me fascina la forma en que la gramática puede desbloquear nuevas posibilidades, tanto para superar exámenes como para avanzar en el ámbito profesional. En hienglish.es, mi objetivo es simplificar esos conceptos que a veces parecen complejos, ofreciendo explicaciones claras y prácticas que te ayuden a entender de verdad el idioma. Me esfuerzo por ofrecer información útil y contrastada, asegurándome de que lo que encuentres aquí sea preciso y esté al día, para que puedas confiar en cada detalle.
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